Sandra Ignaccolo (en poesías)

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Tuesday, October 18, 2011





SECRETÍSIMO

Roberto Díaz  
Avellaneda 
Bs. As (Arg)
1938-2011 
Poeta, periodista y traductor.



SECRETÍSIMO 

No le digas a nadie que mis manos
fueron para tu cuerpo
dos lugares comunes
ni le cuentes tus noches
al que quiera escucharte.

Ni se te ocurra decir
que Buenos Aires era nuestra Madame
porque saldrán a recorrer nuestros rincones,
nuestros silencios, nuestros puchos;
querrán reconocernos
en cada voltereta que da el aire.

Es mejor así,
que nadie sepa cómo me llamabas
ni yo recuerde las cosas que te dije.
Otros vendrán
con la certeza de ser originales
y serán casi yo;
otras vendrán
aceitando las trampas,
recorriendo los atajos de siempre,
señalándome los viejos árboles
como si fueran incipientes retoños

y yo diré que sí,
fatalmente que sí.

Arrastraré mis versos,
mis fatigosas mentiras,
es muy posible que me acuerde
de algún lunar tuyo,
de la pendiente de tu cuello,
no lo sé.

Pero no le digas a nadie
que entre vos y yo,
una vez,
por poco tiempo,
estuvo sentada la eternidad.



En “Esta ternura compartida”, 1973.
Foto: Roberto Díaz, archivo de la talita dorada.
Roberto Díaz nació en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en 1938. Poeta, periodista y traductor.

Saturday, October 01, 2011

1964


Jorge Luis Borges
Bs. As
(Arg.)



I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.