Sandra Ignaccolo (en poesías)

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Sunday, September 23, 2012

BARCAROLA

Pablo Neruda

Parral (Chile)
1904-1973






 
SI solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,

sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste,
si tú soplaras en mi corazón cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.


Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola:
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida.


Y suena el corazón como un caracol agrio,
llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
de lo sonoro el mar acusa
sus sombras recostadas, sus amapolas verdes.


Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
rodeada por el día muerto,
frente a una nueva noche,
llena de olas,
y soplaras en mi corazón de miedo frío,
soplaras en la sangre sola de mi corazón,
soplaras en su movimiento de paloma con llamas,
sonarían sus negras sílabas de sangre,
crecerían sus incesantes aguas rojas,
y sonaría, sonaría a sombras,
sonaría como la muerte,
llamaría como un tubo lleno de viento o llanto,
o una botella echando espanto a borbotones.


Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.


Quieres ser el fantasma que sople, solitario,
cerca del mar su estéril, triste instrumento?
Si solamente llamaras,
su prolongado son, su maléfico pito,
su orden de olas heridas,
alguien vendría acaso,
alguien vendría,
desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo del mar,
alguien vendría, alguien vendría.


Alguien vendría, sopla con furia,
que suene como sirena de barco roto,
como lamento,
como un relincho en medio de la espuma y la sangre,
como un agua feroz mordiéndose y sonando.


En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.


 

Tuesday, September 11, 2012

ACLARO




José Cercas
(España)
del libro Oxígeno




Aclaro que tus labios no son míos,
no los entiendo como tales;
que tus ojos, nocturnos e hirientes
no me pertenecen; cabalgan la noche.
Aclaro que no reconozco tus pechos de miel,
natas azules de olor a mazapán
y mares salvajes;
no siento ni su sonoro tacto,
ni su fruto oculto.
Aclaro que no es mi boca semilla de la tuya,
ni tu abrazo rompió mi noche,
ni tu gemido el alba presentida.
Aclaro, por fin, que no me has pertenecido,
que mis manos ya no tejen con tintas apenadas;
bajo la lengua se quebró el beso,
cuando apagué la luz
y un poema se llevó el último “te quiero”

EL BESO


Urbano Vilchiz
(Méx)
 
 
 


 
Esa ardiente pasión que les sofoca,
el ardor que agiganta, que se agrava
cuando corre terrible mar de lava
que arremete a la playa de una boca.

Ese fuego que quema cuanto toca;
fuego ardiente que cual puñal se clava
en la piel nacarada de la esclava,
nada haciendo, su ímpetu de roca.

Incurable tormento, cruenta herida
que la atrapa con brazos como hiedra
penetrando su mente, piel y hueso.

Gime  dulce la moza malherida
al mirar su coraza, dura piedra,
rota por el embate de aquel beso.